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La Fonda de la Marina
La Fonda de La Marina aparece ya en los relatos de algunos
viajeros que visitaron la isla el siglo XIX, aunque no con este
nombre. El Archiduque Luis Salvador de Austria, que puso el
pie en Ibiza por primera vez en l867, menciona la fonda Ilamada
d'es Coix, sita en la calle que fue del Norte y que entonces era
ya de Oloraga, como hoy. En la fonda d'es Coix, cuya modestia
oculta el Archiduque, se congregaban ruidosas tertulias de
ibicencos y confinados políticos, muchos de los cuales se
hospedaban en ella. En algún rincón,entrada la noche, volaba
el naipe, no por las suertes toleradas.
Mucho peor trataba la fonda de un dibujante francés, Gas Vuillier, que visitó las Baleares en 1888 y publicó, en 1893, su libro Las Islas Olvidadas, cuyos dibujos son según opinión común harto más valiosos que el texto. Al hostelero José Roig, es Coix, lo describe como un monstruo, que pasaba entre las mesas de huespedes con balanceos de oso, escupiendo sin cesar, fumando un tabaco pestilente. Las comidas, segun Vuillier, eran bárbaras, y la camarera Vicenta, que las servía,
cuando no hacía el propio dueño, una bruja disfrazada de sirvienta. |
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Pero de pronto, como en una peripecia, ocurre un cambio.
Ha pasado un quindenio. Estamos a principios de nuestro siglo y
una viajera inglesa, Margaret D'Este, visita las Baleares. Si el
Archiduque y Gaston Vuillier empuñaron todavía el lápiz del
dibujante, la inglesa viene ya provista de una camara fotográfica.
Con la 'Cámara en Mallorca' se titula su libro, publicado en
Londres en l907. Para la escritora inglesa, La Fonda de La Marina
que ya tiene este nombre, sólo merece elógios.
Sin embargo, la muestra que nos da es irreprochable. Véase la minuta de una
cena de Semana Santa: Sopa de marisco con arroz y langosta; potaje de judias
blancas y col; bacalao salado con huevos, patatas y guisantes; pescados de
diversas clases hervidos, con salsa; pastel dulce, queso, uvas y naranjas...
Después de Margaret D'Este, otros ingleses vinieron y se hospedaron en la Fonda
de la Marina. Con su aire exótico, sus pipas y sus calzones, engendraban
expectación general y arrastraron por nuestras calles cortejos de chiquillos
insolentes. Ya en mi tiempo, la Fonda de la Marina era todavía, según creo, la
hospedería única en la ciudad.
Allí se alojaban algunos extranjeros trotamundos, forasteros de
tránsito,funcionarios con destino en la isla. Alli se hospedó don
Juan Larrouquere, el francés que vivió en Ibiza desde l914
hasta su muerte en octubre de 19I9. En ella vivió don Álvaro Piernas de Tineo, el ingeniero de
puertos, siempre entre la copa y la quimera; alli don José
Montesinos, el rubicundo profesor de religión del Instituto,
sacerdote pulcro y despreocupado. Explotó muchos años
la Fonda don Francisco Planells, conocido entre nosotros
por Paco de la Fonda.
Era de la pandilla de Carlos Román, un grupo de hombres dispuestos en todo
momento a sacar a la vida los jugos más dulces. Lo veo en una lumbrada del
recuerdo y pienso que nada mejor que su figura para acreditar la hospedería;
craso sin obesidad, belfo móvil hacia grosuras brilladoras, y una voz
ligeramente gargarizada, voz de cocción, que no había tenido su origen en
ayunos ni abstinencias ...
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